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Cómo hacer una tesina (sin morir en el intento) o «La Muerte en Camiseta»
Puentes: ida y vuelta desde el metal al barroco
Consideraciones sobre la carta de Félix Mendelssohn a Marc-Adnré Suchay
Cómo hacer una tesina (sin morir en el intento) o «La Muerte en Camiseta»
Primero todo iba normal. Tenía la idea y el plan: un patch que funcionase como el modelo ideal de espacializador Ambisonics, que para varias personas de mi misma manía, era el ICST. Aparecen varios desencantos cuando la realidad golpea al plan como golpea la roca al barco. A saberse: no sé codificar distancia, mis codificadores de orden 3 (los de Ricky Graham) no hablan el lenguaje que estudié y tampoco creo que sus decodificadores siquiera sean compatibles con el lenguaje establecido por su mismo creador. En conclusión, un caos total. Lleva mucho tiempo aceptar la idea del fracaso, y esa es una gran virtud mía. Soy tan terco que me resigno a abandonar mi sueño y, más tarde que temprano, al no advenir la frustración, llega la solución después de mil noches en vela.
1. Hago un codificador genial con Gemini.
2. Hago una serie de decodificadores geniales con Gemini.
3. Entrevistamos a Ianina Canalis –sagrada deidad de la lucha contra los monopolios de la espacialización y alquimista creativa de las naves espaciales del audio.
4. Un poco nos chupa todo un huevo y nos queremos recibir, yo casi a mis 40 años y un poco cansado de estudiar la misma carrera por casi diez octubres.
5. No hay punto cinco.
Esta aventura es fácil de trazar pero muy difícil de ordenar cronológicamente, cosa que efectivamente debo hacer para presentar en forma de tesis de grado para eso de recibirme. Ya me tomé cuatro copas de vino y me vi una peli. Hijos y compañera duermen. Debo tomarme una copa más mientras escribo en la penumbra de la pieza, sentado en el piso.
––apago la compu para trasladarla a la mesa de la cocina, porque la batería no anda.
Cinco minutos después, retomo este delirio. Soy un idiota porque me había propuesto empezar a escribir la tesis, el documento final, y esto era un mero camino preliminar, una guía para redactar la tesis… Qué iluso. De todas formas, es la una y cincuenta y me propuse dormirme a las tres. ¡Allá vamos!
Vaso de agua y copa de vino, para no estar tan mal mañana y ser un buen padre y pareja. La meteorología es mala y se supone que esto es La Corriente del Niño. Todo el verano sería una mierda, mas no si me recibo.
Ahora sí, ya tengo el vino (aunque sin copa).
Comencé intentando entender el objeto hid y cómo interpreta y entrega mensajes. Tiene su propia espiral embrujada de verborragias intrincadas, pero por suerte viene con un buen mapa, su patch de ayuda [help], muy útil para arrojar mensajes con nombres y filtrarlos sobre toggles. Me gusta. En poco menos de dos horas, ya lo tengo andando y controlando un sinte de onda senoidal, luego un FM muy deficiente pero que dispara un enorme oleaje de endorfinas que se entreveran con adrenalina, todo esto entre gritos de peleas de mis hijxs y distracciones de todo tipo. Contexto: un viernes a la tarde, mamá en el gimnasio, niñxs cansados por los horarios escolares y falta de siesta –ellos no lo saben, lo sabemos los adultos, y eso es siempre peor.
Luego de algunos gritos, restos y amenazas de castigos, retomo la quimera. Me hago amo del controlador que mueve números y faders horizontales y que se traducen en sonidos no temperados, llenos de clicks, saltos discontinuos y glitch digital, como. mí me gusta. El éxtasis dura poco porque mi vieja MacBook Pro mid 2017 se apaga cuando se le sobrecarga el CPU. Da una sensual pantalla negra con texto blanco en inglés, francés, español, japonés (en ese orden) y nunca llego a leer otras lenguas antes de que se reinicie.
Bajo a la cocina (mi templo del saber y la alquimia está en el altillo) y me hago un café brasileño Pilão extra-forte, divino. Lxs niñxs gritan y se pelean e inmediatamente les propongo ver tele, “el as bajo la manga”, mi recurso dorado de padre decrescentista post-punk aburrido por la falta de raves oscuras y la toxicidad de la noche rosarina.
Retomo por un momento el código en PureData (digo código porque algunas cosas las escribo y a otras las “dibujo”).
––Lo malo de no tener copa es que escabio sin medida.
Dos y dos. Me quedan cincuenta y ocho minutos para saltar a los brazos de Morfeo. Me gustaría que Morfeo fuese una mujer y no un hombre pelado de gafas oscuras y ropa de cuero esperando en la lluvia para darme, o la pastilla roja, o la pastilla azul, pero nací en el ‘86 y vi Matrix a los trece años, antes de vincularme sexualmente a pleno con nadie.
Tengo notas en un cuaderno gigante (los grande no me gusta, prefiero pequeños anotadores cocidos artesanalmente, pero ya no consigo). Estas notas dicen mucho sobre el proceso pero cronológicamente son un caos. Tengo que empezar de cero a narrarme todo esto.
Entonces dejo mi trabajo y le hago un café a Lali (pareja, madre de hijxs), que vuelve transpirada del gimnasio de al lado de casa. Ahora no voy a tocar la compu hasta mañana…
A las dos de la mañana, después de ver una peli, después de terminar una botella de vermut, agarro la compu y hago nada. Miro el patch pero el joystick no funciona. Es un joystick viejo y maltrecho que me prestó el Seba Saldaño con toda su generosidad: “era de mis hijos, que viven lejos. No me sirven. A veces los desarmo y hago controladores MIDI”, un gran precedente. El joystick tiene la batería arruinada, estragada, malograda, digamos que no anda más. Murió el único joystick capaz de ayudarme a avanzar en el proyecto.
Como algo que sé hacer realmente bien es ponerme a buscar giladas en internet –productos, sobre todo–, dediqué la tarde de sábado a buscar el mejor peor joystick chino de PlayStation 3, pero el más barato, sobre todo. The Best me dice que me vende uno a veinte lucas, is voy hoy y pago en efectivo. Me da la sensación de que puedo conseguirlo más barato. Hablo con rateros, hackers y gente del mal, pero nadie mejora significativamente la oferta. ¿Qué hacer?
Pasan dos semanas. Decido dedicarlas a algo que no contemple la necesidad del joystick, pero es difícil porque el proyecto se trata de usar un joystick. Tomo el camino de los codificadores, así que le mando un mail a Ricky Graham (de no saber quien es, googléelo). Ricky Graham no responde. No entiendo porque la diferencia horaria de la Eastern Standard Time me favorece, pero probablemente Ricky esté gozando de sus vacaciones en el verano boreal. Sencillamente, el codificador de Ricky [Grambipan, de la librería Grambilib] no funciona, o ya no lo sé usar, o me volví tan intelectual que no lo entiendo, tan nerd que no lo pienso, tan profesional que me impido, tan viejo boomer que quiero que la versión “nueva” (del 2017) ande igual que la “histórica” (del ca. 2007). Como sea, Ricky no me dice si su encoder va de 0 a 1, de 0º a 180º, de zarasa a bereketengue, o las tres.
Me voy de viaje, me distraigo. Paradógicamente, en mi viaje, pequeño pueblo habitual del Valle de Punilla, en la vidriera del único ñoño tecnológico del pueblo, consigo un joystick chino de PlayStation a quince lucas, “más barato que en mi barrio”, le digo como un idiota, tomado por la emoción. Hay que recordar que cualquier ser humano que pertenezca a una localidad de más al Este que Villa María, es susceptible de ser llamado Porteño. Yo era, en el mejor de los casos, un huevón del conurbano bonaerense. Una desgracia para un tipo que se crió en córdoba, hijo y nieto de cordobeses (por parte de madre).
El joystick permaneció en su bella caja de plástico que explica que no es original y que no tiene garantía alguno. Por suerte, al llegar a casa, constaté que funcionaba a la perfección.
También tenía un mail de Ricky Graham que transcribo a continuación:
Glad the eternals are helpful. You might like gramulator~ in rfpg, too.
Richard (Ricky) Graham, Ph.D
Ableton Certified Trainer
p. 202.674.3558
e. ricky@rickygraham.net
––nota mental, cualquier campeón con un doctorado (más si se resume como PhD) tiene el don de hacerme sentir como un tremendo idiota, al mismo tiempo que es merecedor de toda mi admiración y rechazo. Y posdata: Me siento un niño que estuvo esperando hasta navidad para recibir un súper muñeco de acción y al abrir el paquete encuentra una imitación berreta en esa goma que huele mal y da alergia. Oscuros episodios de infancia.
Empecé a creer que Ricky no era la vía al éxito –suelo ser ríspido, rasposo y mal amigo, buen enemigo. Si Ricky podía ser capaz de tal desencanto, yo podía ser capaz de hacer mi propio par de encoder-decoder. Lo hice. No lo hice solo, pedí ayuda a un robot. GPT me trató de tonto y lo mandé a freír churros binarios. Claude me dijo que tenía que poner plata. DeepSeek no es “capaz de hacer eso” y terminé sorprendiéndome de lo bien que Gemini entendía el lenguaje de PureData y “sabía” de Ambisonics. Discutimos un poco pero llegamos a un par de acuerdos. Nos quisimos, bailamos vals y nos dejamos sacar fotos, discutimos a la vera del río, antes del amanecer. Nos tomamos cada uno un taxi distinto y nos prometimos “charlar un día de estos”. De nuestro amor ambiguo e intencionado, quedó un enconder bellísimo. Un día me disfracé de otro –me gusta también jugar al gallo ciego (el gallo es el otro)– y le pedí un decoder binaural. El decoder codificaba con mucha precisión, el plano de “atrás”. Sentí lo que sintió el quía la noche que gritó “¡¡Eureka!!”. Dancé en mis sueños cual hada envenenada de éxtasis. Desperté con la resaca electrónico que sólo los nerds conocen [máxima esencia de la resaca] y sentí que me estoy yendo al carajo con escribir todo esto en este tono tan retórico…. Cuatro puntos suspensivos. Un párrafo para decir casi nada.
Tenía encoder y decoders propios. Me sentía bien. Me retaron en el trabajo. A veces soy un docente con muy pocos recursos pedagógicos, pero sé admitirlo. A veces trato a mis alumnos como si fueses mis hijos. Mala mía.
Ese día volví de uno de mis trabajos en la loma del orto, almorcé un plato bizarro, eructé con sabor a mate cocido (en el barrio donde trabajo, es la bebida más excelsa) y al sacudir la cabeza, me sentí suertudo: estaba haciendo una piedra filosofal de una idea completamente abstracta que vislumbró mi compañera de carrera Luchi. Las llamé: “Compas, creo que el patch está casi listo”. Hay que aclarar que esto llevó meses y que el patch es sumamente complejo e intrincado. Poco claro, digamos, pero anda bárbaro.
El día que hablé con Hans-Christoph Steiner (creador del objeto hid), aclaré algunas cosas que tenían que ver con facilitarle al usuario los objetos externos de PureData para levantar datos del joystick (en particular, uno solo, el hid). Eso está por verse, pero creemos que podemos democratizar mucho la herramienta haciendo que la persona usuaria no tenga que descargar el objeto, sino proveérselo dentro de un subdirectorio del paquete donde enviamos el patch. Ya veremos…
Me quedé sin vino. Qué suerte.
Estoy aguardando un mensaje de Catalina Basso con su tesis de grado para usarla como modelo de escritura, teniendo en cuenta que se graduó de mi misma carrera, que su tesis es un proyecto de desarrollo tecnológico en PureData (como el nuestro) y que su tutor de tesis y evaluador fue el mismo que el nuestro. Todo apunta la brújula hacia la isla del tesoro.
Dificultades. Tengo que hacer una lista de proceso y dificultades. Algo así como una bitácora del desarrollo del software. Es por eso que empecé a escribir esta porquería literaria.
1.Encoder falla. No quiero usar externals. No hay uno de orden 3 que me guste. La palabra gustar es importante: cuando probaste muchos tés, muchos vinos, empezás a tener gustos propios.
2. Decoders, no veo la forma de hacer uno que sea controlable para configurar al vuelo el tipo de arreglo de parlantes. Puedo pensar en una suite de decodificadores. Ver.
3. Codificación de distancia… WTF??? Tengo que estudiar una disciplina para lograr eso. Descartado. ¿Qué´hay que pueda reemplazarla?
4. No sé qué mas decir…
Respuestas o posibles soluciones [que al final lo fueron]:
1. Hago mi propio enconder con Gemini mientras dure el idilio.
2. Uso “constructores” para que cada decoder se escriba al tocar un botón y se borre y reescriba al tocar otro. Hago muchos, todos los que se me ocurran. Gemini me hizo uno para emular Atmos.
3. El mismísimo Gemini me ofreció hacer un efecto doppler para –no emular la distancia, pero– al menos emular velocidad de las fuentes.
4. El patch me re gusta.
Data Structure. Casi me olvido… Tuve que estudiar eso. Yo quería que el patch tenga un visor de espacialización de cada fuente: un cuadrado donde cuadraditos de colores (un color para cada fuente) se vayan moviendo adentro para entender en qué parte del espacio sonoro virtual está cada fuente.
Lo logré. Me llevó una noche de paciencia y mucho té oolong. Vi videos insoportables de duraciones desmedidas y tempos inhumanos, y así lo logré. ¡Qué magia! Ahora sé de data structure… Los patches de guía de Miller Puckette (el creador de PureData y MAX/MSP) no eran lo suficientemente claros para un mortal como para entender el concepto y aplicarlo correctamente. Los tutoriales interminables fueron el camino. Tengo que intentar rastrear las fuentes. Nota mental: como investigador [nuevo self] debo incorporar la costumbre de apuntar toda fuente antes de que se me discurra en la nube de información.
Ahí está el patch, pero todavía no está La Tesis. Son las dos y cuarenta y nueve. Me voy a dormir antes de volverme un ogro ermitaño y antisocial.
Puentes: Ida y vuelta desde el metal al barroco
Por Yanquetruz Agnese y Bruno Rosso
El 27 de mayo del 2013 ocurrió otra de las típicas anomalías contraculturales1 de la web: se publicó un video de Nick Kasprak con una «reescritura» de la canción The Final Countdown, compuesta y publicada por la banda Europe en 1986. El video, cuyo zócalo muestra la leyenda «Reescrito en el estilo de Bach de fuga para cuatro voces», exhibe en su plano visual la partitura, y en su dimensión sonora, un clave sintetizado ejecutando la reescritura fugada.
Se trata de un video de tres minutos y tres segundos, que, al día de la fecha, registra 88.000 vistas y 2.200 «me gusta», junto 105 comentarios que varían desde halagos hipérboles –al mejor estilo hiperbólico propio del Barroco2–, comentarios cómicos y hasta usuarios que impostan a Johann Sebastian Bach repartiendo cumplidos en un lenguaje demodé alusivo al período en cuestión.
En los anaqueles de disquerías y en numerosos artículos de revistas de rock3, The Final Countdown está catalogado bajo el macrogénero popular de Metal. Más allá de la intención de los autores, el resultado estilístico y sus repercusiones –nótese su inclusión en innumerables films comerciales, desde el drama hasta la sátira– resultan ser categorizables como Pop –se lo denomina Hair Metal, Glam Metal, Melodic Metal4.
Sería insensato no resaltar que diversos subgéneros del metal echan mano a recursos estilísticos del barroco, como lo emparenta la periodista Rebecca Baumgartner en su artículo pionero Thoughts on Classical and Metal Music: Counterpoint and Motion en la revista 3 Quarks Daily5.
Según su canal de YouTube «NKasprak» , el compositor de esta obra no es un músico profesional sino un ingeniero en sistemas de información dedicado al estudio de economía y pobreza en los Estados Unidos, una información replicada en publicaciones hechas por el mismo autor. El mismo compositor afirma crear música utilizando la herramienta informática LilyPond, un software libre de notación musical que, a su vez, utiliza un lenguaje de programación para notar y generar sonido por síntesis. Kasprak dice utilizarlo dado a que sus conocimientos musicales son limitados pero sus conocimientos sobre programación son de un alto nivel de experticia: su método consiste en componer música escribiendo código en una consola de programación.
Kasprak no es un fenómeno aislado, sino un hijo prodigio del movimiento Mashup, movimiento cultural –¿o contracultural?– que según el artículo de Michael Sarazio, The Apolitical Irony of Generation Mash-Up: A Cultural Case Study in Popular Music, se trata de tomar elementos preexistentes de contextos diversos y hacerlos convivir en una misma obra, resignificándolos.6.
¿Tomando el primer puente en esta dirección, nos recordamos sobre la obra de Wendy Carlos. Célebre instrumentista, arreglista, compositora y productora musical transgénero, Wendy Carlos encontró su propia manera de tender puentes entre la era del superdesarrollo de las tecnologías electrónicas y el barroco: sus obras Switched on Bach (1968) y su The Well-Tempred Synthesiser (Sintetizador Bien Temperado, 1969) virtuosa versión para sintetizadores modulares Moog del Teclado bien Temperado de J. S. Bach.
Al otro lado del Atlántico, la banda punk británica The Toy Dolls grabó y publicó una versión de la Toccata y Fuga en re menor del compositor en versión metal, construyendo así un puente que no sólo apunta hacia Bach, sino que también hacia la banda de los ’80 en cuestión. Lejos de emparentar a Bach con el Establishment, una banda presuntamente punk decide “profanar la tumba” de Johann Sebastian y traerlo a finales del siglo XX para cubrirlo de flores en un ritual con guitarras eléctricas cargadas de distorsión. Nos encantaría imaginar en qué punto del puente se encontrarían The Toy Dolls con Wendy Carlos y Nick Kasprak para ir a llevarle té y galletitas a Johann Sebastian.
Estos juegos de resignificaciones nos recuerdan también al concepto de parodia postulado por Fredric Jameson en El Postmodernismo, o la Lógica Cultural del Capitalismo Tardío –también de fines de la década del 807, en el que una producción artística toma elementos del pasado y los reconstruye en tono burlesco a fin de ofrecer una mirada crítica y un aporte sobre aquello que es parodiado. No obstante, esto no significa en absoluto que no exista respeto por el contenido original desde el que se realiza una nueva creación. Pareciera que la figura de Bach y su música construyen puentes capaces de cruzar estilos tan distintos y dispares como los son los propios a Wendy Carlos, The Toy Dolls y Nick Kasprak. Rematar: la obra de Bach sigue dando….luuego de 3 siglos….Enfatizando la idea propuesta por Dahlhaus y Droysen.
Nos advienen las siguientes preguntas: ¿Por qué la insistencia nostálgica hacia el barroco? ¿Hay una insistencia de este tipo hacia otros períodos? La serie estadounidense Mozart in The Jungle creada por el estudio American Zoetrope, propiedad de la familia Coppola, poco muestra sobre Mozart y sobre un anhelo del período clásico y su música. Apelando a la idea de que es propio del Barroco, la utilización del virtuosismo, el alto nivel de dramatismo y la búsqueda por la movilización de los afectos8, ¿no son acaso incluso barrocas la trama y la cinematografía de la película Amadeus, a pesar de remitirse al Clasicismo? ¿Será que nuestra visión restrospectiva del Barroco está llevada hacia una idealización que convierte a todo lo excelso en barroco?
Bibliografía
Baumgartner, Rebecca. Thoughts on Classical and Metal Music: Counterpoint and Motion. 3 Quarks Daily. Febrero de 2023. Consultado el 1 de junio de 2026. https://3quarksdaily.com/3quarksdaily/2023/02/thoughts-on-classical-and-metal-music-counterpoint-and-motion.html.
Burkholder, J. Peter, Donald J. Grout y Claude V. Palisca. Historia de la Música Occidental. Madrid: Alianza Editorial, 1984.
Gregory, G. Masculinity, Sexuality and the Visual Culture of Glam Rock. University of Central Lancashire, 2002. http://knowledge.lancashire.ac.uk/id/eprint/11875/1/11875_gregory.pdf.
Jameson, Fredric. El Postmodernismo, o la Lógica Cultural del Capitalismo Tardío. Durham: Duke University Press, 1989.
Roszak, Theodore. El Nacimiento de una Contracultura. Barcelona: Kairós, 1970.
Serazio, Michael. The Apolitical Irony of Generation Mash-Up: A Cultural Case Study in Popular Music. Routledge, 2008.
Sleazegrinder. The 20 Greatest Hair Metal Anthems Of All Time. Louder. 2015. Consultado el 2 de junio de 2026. https://www.loudersound.com/features/the-best-20-hair-metal-anthems-of-all-time-ever.
Whalley, Ben. Synth Britannia. BBC Four, 2009. https://www.youtube.com/watch?v=ivBxbEYSCjc.
1 Según Theodor Roszak, Contracultura alude a un conjunto de valores, actitudes y costumbres que se oponen explícitamente al establecido por una sociedad. Theodore Roszak, El Nacimiento de una Contracultura (Barcelona: Kairós, 1970), pp.
2 J. Peter Burkholder, Donald J. Grout y Claude V. Palisca: Historia de la Música Occidental (Madrid: Alianza Editorial, 1984) (falta la referencia a la traducción), pp. Primero apellido en españo , y dos puntos.
3 Sleazegrinder, The 20 Greatest Hair Metal Anthems Of All Time, Louder, 2015, consultado el 2 de junio de 2026
4 Íbid. Passim, cfr. Ap.
5 Rebecca Baumgartner, “Thoughts on Classical and Metal Music: Counterpoint and Motion”, Quarks Daily 3 (2023), pp., febrero de 2023, consultado el 1 de junio de 2026.
6 Michael Serazio, The Apolitical Irony of Generation Mash-Up: A Cultural Case Study in Popular Music, (Routledge, 2008).
7 Fredric Jameson, El Postmodernismo, o la Lógica Cultural del Capitalismo Tardío (Durham: Duke University Press, 1989).
8 Burkholder, Grout y Palisca, Historia de la Música Occidental (Madrid: Alianza Editorial, 1984).
Consideraciones sobre la carta de Félix Mendelssohn a Marc-Adnré Suchay
Por Yanquetruz Agnese y Bruno Rosso
En el capítulo III de Fundamentos de la historia de la música, Dahlhaus postula que un documento no es una afirmación de “esto fué realmente así”, si no el reflejo de la interpretación del propio autor acerca del suceso (Dahlhaus, 1997). En su carta a Marc-André Souchay, Mendelssohn apela a las teorías emotivas de la música “[…] sólo la canción puede decir la misma cosa, puede suscitar los mismos sentimientos en una persona u otra -un sentimiento que no está, en ningún caso, expresado por las mismas palabras”, dejando por fuera toda discusión sobre juegos de significantes y significados1 y aludiendo a la idea de la música occidental como un lenguaje universal.
Indudablemente, la idea romántica de que la música es un lenguaje universal subyace en toda declaración que dé por sentado que una música es más fácil de interpretar que un discurso hablado o escrito, forzando la idea de que un mensaje musical es unívoco. Para Mendelssohn, una palabra parece abrazar a la polisemia, pero un sonido organizado –o un ciclo de sonidos– no. El autor de la carta da por sentado que su interlocutor comparte su misma configuración cultural2, o bien, pretende imponer la idea eurocentrista de una Música Única y Universal.
Es por esto que consideramos que esta carta de Mendelssohn no sólo es una fuente sobre las canciones sin palabras si no también una fuente acerca del autor mismo al ofrecer a través de la interpretación más información sobre el creador de la obra que de la obra como hecho histórico en sí.
Además de apelar a la teoría emotiva, Mendelssohn sostiene la idea de que el contenido emotivo y expresivo, además toda información que pudiese estar vehiculizada por la música, está contenida en sí misma y se presentaría de igual manera a cualquier sujeto que la oyese.
Esto nos trae reminiscencias a la introducción de Mil Mesetas de Gilles Deleuze y Felix Guattari (2002):
Un libro es una multiplicidad. Pero todavía no sabemos muy bien qué significa lo múltiple cuando cesa de ser atribuido, es decir, cuando es elevado al estado de sustantivo. Un agenciamiento maquínico está orientado hacia los estratos, que sin duda lo convierten en una especie de organismo, o bien en una totalidad significante, o bien en una determinación atribuible a un sujeto; pero también está orientado hacia un cuerpo sin órganos que no cesa de deshacer el organismo, de hacer pasar y circular partículas asignificantes, intensidades puras, de atribuirse los sujetos a los que tan sólo deja un nombre como huella de una intensidad. ¿Cuál es el cuerpo sin órganos de un libro? Hay varios según la naturaleza de las líneas consideradas, según su concentración o densidad específica, según su posibilidad de convergencia en un «plano de consistencia» que asegura su selección. En este caso, como en otros, lo esencial son las unidades de medida: cuantificar la escritura. No hay ninguna diferencia entre aquello de lo que un libro habla y cómo está hecho. Un Ubro tampoco tiene objeto. En tanto que agenciamiento, sólo está en conexión con otros agenciamientos, en relación con otros cuerpos sin órganos. Nunca hay que preguntar qué quiere decir un libro, significado o significante, en un libro no hay nada que comprender, tan sólo hay que preguntarse con qué funciona, en conexión con qué hace pasar o no intensidades, en qué multiplicidades introduce y metamorfosea la suya, con qué cuerpos sin órganos hace converger el suyo. Un libro sólo existe gracias al afuera y en el exterior. Puesto que un libro es una pequeña máquina, ¿qué relación, a su vez mesurable, mantiene esa máquina literaria con una máquina de guerra, una máquina de amor, una máquina revolucionaria, etc., y con una máquina abstracta que las genera? (p. 10)
Pareciera que tanto para Mendelssohn –en el caso de la música– como para Marc-André Souchay –en el caso de las palabras–, habría un significado intrínseco, unívoco y esclarecedor sobre el motivo de la obra en sí. Souchay espera que un título le explique el sentido de la obra, pero cada significante toma su significado en la experiencia del lector, así como lo hacen los significantes sonoros.
Referencias
Dahlhaus, C. (1997). Fundamentos de la Historia de la Música. GEDISA.
Deleuze, G. y Guattari, F. (2002). Mil Mesetas. Pre-Textos.
Grimson, A. (2014). Comunicación y configuraciones culturales. Universidad Nacional de San Martín.
Saussure, F. de (1945). Curso de Lingüística General.Losada.
1 Entiéndase significado como el concepto ligado a un signo y significante como su imagen acústica, según Ferdinand de Saussure en Curso de Lingüística General (1945, p. 91).
2 Según https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/36360/CONICET_Digital_Nro.2b03ef07-2737-4f7c-9c43-0a169eb9344a_A.pdf?sequence=2&isAllowed (p. 4): Una configuración cultural es un espacio social en el cual hay lenguajes y códigos compartidos, horizontes instituidos de lo posible, lógicas sedimentadas del conflicto. La noción puede aplicarse a una escuela, a distintas instituciones, a movimientos estéticos, a grupos migratorios o diversos espacios territoriales. A diferencia de cultura, siempre implica la existencia de disputas y poderes, de heterogeneidades y desigualdades, y de cambios.